
Imagen de San Millán.
Su primera biografía la escribió San Braulio, obispo de Zaragoza en 638. San Millán nació el año 473 en Berceo, pueblo de tradiciones romanas y cristianizado. Con veinte años, curtido por el aire de la tierra y por las soledades de su vida de pastor, sintió la llamada de Dios a la vida eremítica y se fue a los riscos de Bilibio, donde moraba un anacoreta llamado Felices, famoso en toda la comarca por sus virtudes, a pedirle que le instruyera en el camino de la santidad. De vuelta a su pueblo, Millán vivió como anacoreta en los montes Distercios durante cuarenta años.
El obispo de Tarazona, al que había llegado la fama de las virtudes de Millán, lo ordenó de sacerdote y le nombró párroco de Berceo. Entre su gente sembró generosamente, con su apostolado, todo lo que había aprendido en el silencio de las montañas.
Por la presión y las críticas de algunos clérigos tuvo que dejar la parroquia y se retiró a las cuevas de Suso donde, tras una vida de gracia y rodeado de discípulos, murió en 574, a los ciento un año.